Llega el punto en que te hartas de tanta miseria humana y explotas. Miras al cielo, observas el movimiento mesurado de cada nube, el cuello empieza a doler. Bajas la mirada, respiras profundo, y continúas como si nada hubiese alterado tu preciada calma.
Hay mucho trabajo por hacer, y mucha gente que pareciera tener la labor de impedirte llegar a tus objetivos finales.
-¿Por qué siempre tengo que escuchar el ruido que surge a mí alrededor?-. Realmente lo escuchas porque está ahí, constantemente bordeando el límite de lo desagradable. Pero déjame decirte que lo escuchas por una sencilla razón, y es tan obvia como que Tú quieres escuchar ese atroz ruido que altera hasta la más insignificante partícula viviente.
La solución es simple, vuelve a mirar al cielo y baja la cabeza antes de que el cuello pida un descanso. Esboza una leve sonrisa, aprieta el interruptor de Silencio, aprecia la calma, y deja que el Veneno escurra a tu alrededor, sin rozarte ni un milímetro.

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